La Bioética como solución
La Bioética no debe quedarse en un diagnóstico de situación, debe arbitrar también las soluciones. De acuerdo a lo expuesto, queda claro que el problema no es la falta de recursos sino la distribución injusta de los mismos. Esta injusticia tiene un hilo conductor: la discriminación, que los poderes hegemónicos quieren que sea “natural” y lo que es natural no se reflexiona, no se problematiza, y, en consecuencia, no se cuestiona.
La discriminación, en realidad, es una construcción social, producto de relaciones hegemónicas de poder con sentidos de orden moral y funciones de normalidad, disciplinamiento y estigmatización. Por el contrario, el proyecto de “naturalizar” la
discriminación tiende a legitimar las injusticias: “pobres hubo siempre” es el slogan de este proyecto. Si se piensa que el problema, entonces, es moral, la solución de fondo estará dada aplicando los principios éticos en la distribución de los recursos:
1.- Universalidad
Toda persona por ser persona, Kantianamente, tiene dignidad y no precio, es sujeto y no objeto, es un fin en sí mismo y no un medio. La dignidad, basamento y fundamento de los derechos humanos consiste en la no instrumentalización de las
personas, por más loables (aparentemente) que sean los objetivos, como es la excusa “cientificista” del doble standard
2.- Igualdad
En base a lo anterior todas las personas tienen el mismo derecho a ser tratadas en un pie de igualdad. En el caso de la salud, por ejemplo, es inaceptable la teoría de los “standard” mínimos y máximos. No puede haber una salud “VIP” y una salud “villera” (de los pobres), una salud para ricos y otra para pobres. La salud es una sola, hay salud o no hay salud.
3.- Equidad
Este principio señala que en la distribución de los recursos se debe dar algo menos al que de por sí tiene más para poder dar algo más al que de por sí tiene menos. No se trata de robar a los ricos para dar a los pobres, tipo “Robin Hood”, pero tampoco el “Hood Robin” del neoliberalismo donde los que tienen menos terminan pagando (y enfermándose) más.
Si en esta distribución aparece alguna desigualdad, la única éticamente aceptable (siguiendo la Teoría de la Justicia de John Rawls) es aquella que beneficia a los más desposeídos y no a los poderosos. En esta distribución debe evitarse cualquier “focalización” que políticamente tienda a crear un clientelismo cautivo. Asistencialismo sin justicia es humillación.
4.- Participación
La comunidad como sujeto colectivo que comparte en “común-unión” necesidades, valores y proyectos, debe participar necesaria y solidariamente en la toma de decisiones. De no ser así, simplemente es una depositaria pasiva de las decisiones de un grupo de mesiánicos, “es retornar a viejas propuestas funcionalistas y materialistas con funciones de control social y legitimación de la subalternidad”
5.-Solidaridad
Implementada en tres niveles:
a) Nivel macro: como estrategia política para una redistribución equitativa del ingreso. Los instrumentos idóneos son varios, por ejemplo, un sistema tributario que grave más la renta y la riqueza y menos la producción y el trabajo. Políticas de generación de empleos, de créditos para microemprendimientos, de promoción de la pequeña y mediana empresa, de reforma agraria que privilegie la producción y el trabajo de la tierra “castigando” los latifundios improductivos, invertir en el 3º sector, el sector social que es el que genera más puestos de trabajo: 300 empleos por cada millón de dólares invertidos. Esta lista no agota los instrumentos, es solo para ejemplificar las decisiones políticas.
b) Nivel meso, promocionando y protegiendo las redes sociales con las organizaciones elegidas y constituídas democráticamente, para superar lo reivindicativo y convertirse en el eje central de la transformación sociocultural
y económica. El poder político debe respetar los procesos de autogestión y autonomía de dichas organizaciones,
evitando cualquier tipo de control ideológico o social.
c) Nivel micro, incorporando la solidaridad en nuestra cotidianeidad. Generar estrategias de oposición a las injusticias sociales desde los mismos sectores marginados sin copiar estructuras coercitivas del poder resistiendo a sus mecanismos de seducción, “se trata de no enamorarse del poder” Hacer de la cotidianeidad una denuncia de las injusticias como primer paso a la justicia, una función “profética” además de confortar a los afligidos empezar a afligir a los confortados.